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—Hoy vas a aprender qué significa realmente estar poseída —le dije mientras le ataba las muñecas y tobillos a las cuatro esquinas de la cama. Se extendía para mí, indefensa y ya chorreando sobre mis sábanas.
Empecé lento pero firme. Chupé fuerte en sus pezones hasta que gritaba lo suficientemente alto para que los vecinos la oyeran si estaban escuchando. Luego metí tres dedos profundos en su coño, bombeándolos rápido mientras mi pulgar le frotaba el clítoris. Se sacudía y gritaba mi nombre c