-K
No podía dejar de pensar en sus dedos dentro de mí. Toda la semana anduve por el campus empapada y distraída. Cada vez que el viento soplaba o me sentaba en clase, me sentía expuesta.
Después de la última clase del viernes, me mandó un mensaje corto. «Mi casa. Nueve en punto. No me hagas esperar». La dirección venía justo después. Mis manos temblaron mientras me preparaba. Me puse un vestido corto sin nada debajo, tal como quería. Mis pezones ya se me marcaban duros contra la tela fina.
Esta