Sara
Desperté enredada en sábanas que olían a sudor, sexo y la colonia de papá, mi cuerpo doliendo de la mejor manera.
Mi coño estaba hinchado y sensible de tantas veces que me había corrido la noche anterior.
Las sábanas estaban empapadas en semen, mis jugos y todo lo que había goteado de mí. Me estiré despacio, cada músculo suelto y caliente, y rodé hacia el lado.
Tina ya estaba despierta, acostada en mi otro lado, su pelo oscuro revuelto contra la almohada. Me sonrió, los ojos todavía pesado