Sara
A unas horas después, alcancé con la mano, esperando encontrarla a mi lado.
En cambio, mi mano solo tocó las sábanas frías y arrugadas. Apresé más fuerte, esperando encontrarla de algún modo, pero no había otra alma en la cama.
Me incorporé de golpe, el corazón subiendo hasta mi garganta.
—¿Hola? —llamé, la voz ronca.
Silencio.
Primero revisé el baño, pero estaba vacío.
Ni rastro de ella.
Un nudo se apretó en mi pecho mientras el pánico se colaba despacio.
Empecé a pisar de puntillas fuera