Diana
Al día siguiente… volví. No podía mantenerme alejada. Mis muslos todavía estaban doloridos, mis bragas empapadas solo de pensar en él, pero me colé en la iglesia como una polilla hacia la llama, sabiendo que él estaría esperando. Sabiendo que me doblaría sobre el escritorio o me atraería a sus brazos y me follaría hasta dejarme sin sentido hasta que me corriera otra vez gritándole su nombre.
En cuanto me vio, no dudó. Sin palabras. Sin sonrisa de bienvenida ni saludo suave.
Sus ojos se os