Lila
—¿Cuántos hombres había antes que yo? —preguntó Damien, su voz fría como el hielo.
—Ninguno —susurré. Mis manos temblaban mientras estaba de pie en el marco de la puerta de nuestra habitación. —¿Sabes lo mucho de vergüenza que llevo teniendo que estar a tu lado como tu novia? Hasta tu propia madre te avergüenza. Tú mismo lo dijiste.
Nunca te pedí tu amor, escupí, lágrimas picándome los ojos. —¿Por qué saliste conmigo si tienes vergüenza de mi tamaño?
—Lástima. Solo eso. Salí contigo por lá