Isabella
—Isabella. —La voz de Luca era baja, como grava envuelta en terciopelo—. Abre la puerta.
No contesté. Tenía la garganta en carne viva y los ojos hinchados. Pero mi cuerpo… Dios, mi cuerpo me traicionaba. Solo escucharle decir mi nombre hizo que el calor se acumulara en la parte baja de mi vientre.
—Abre o la derribo. Sabes que lo haré.
Me limpié la cara con el dorso de la mano y me puse de pie con piernas temblorosas. Mis dedos temblaban mientras giraba la llave.
La puerta se abrió.
Lu