Shirley
Los siguientes días fueron una pura tortura. Alex y yo apenas hablábamos cuando nuestros padres estaban cerca, pero cada vez que nos cruzábamos por el pasillo, él rozaba contra mí lo justo para que sintiera el calor de su cuerpo. Lo pillaba mirándome el culo o las tetas con esa misma mirada hambrienta que tenía cuando se corrió todo por mis sábanas.
Intenté actuar normal. Me dije que había sido un error de una sola vez. Incluso me obligué a salir en una cita con un chico llamado Mike de