La primera víctima sería el que aún conservaba su visión intacta, el que no había sido alcanzado por el ácido del gotero. Con precisión calculada, me acerqué al primero de mis cautivos y preparé mis herramientas. La pinza con el escalpelo brillaba ominosamente a la luz tenue mientras me preparaba para realizar la operación.
Pero no sería una tarea sencilla. Quería hacerlo lento, prolongar el sufrimiento tanto como fuera posible. Después de todo, mis seguidores esperaban un espectáculo, y yo est