Pasaron varias horas mientras yacía en la cama, tratando de conciliar el sueño en medio de la oscuridad de la noche. El reloj marcaba alrededor de las dos de la madrugada cuando finalmente me sumergí en un sueño intranquilo. Mis pensamientos vagaban por paisajes oníricos, donde la realidad se retorcía y se transformaba en imágenes surrealistas.
En una de esas visiones, me encontraba en una playa, sintiendo la brisa marina acariciando mi rostro mientras contemplaba el horizonte. Pero de repente,