A medida que nos adentrábamos más en el bosque, el sendero se volvía menos definido. La luz del sol se filtraba a través de las ramas altas, creando sombras en constante movimiento que parecían seguirnos. Simon caminaba con una confianza perturbadora, como si conociera cada rincón de aquel lugar. Intenté mantener la calma, pero el creciente sentimiento de inquietud era imposible de ignorar.
—Estamos cerca —dijo, sin volverse a mirarme.
—¿Cerca de qué? —pregunté, tratando de mantener mi voz firme