El pánico me había llevado a la orilla del lago, pero no me proporcionó una salida. Mi corazón latía frenéticamente mientras mis ojos buscaban desesperadamente alguna ruta de escape. Al ver a Simon al otro lado del lago, su mirada fija en mí con una tranquilidad perturbadora, sentí una ola de desesperación.
Comencé a retroceder, mis pies torpes y resbaladizos en la tierra húmeda. El suelo se volvió traicionero bajo mis pies y, de repente, me encontré cayendo hacia atrás. Intenté mantener el equi