Esa idea apenas surgió y Ricardo la descartó de inmediato.
«¿Cómo podría ser? Natalia lo amaba con locura».
Para ella, dejar de quererlo sería peor que morir.
Seguro estaba jugando a hacerse la difícil.
Al pensar esto, una sombra endureció su mirada; hiciera lo que hiciera, él jamás se enamoraría de ella. ¡Su único y verdadero amor era Isabela!
Sacudió la cabeza para borrar esos pensamientos y se centró de nuevo en la novia que tenía delante, pronunciando cada palabra con solemnidad.
—Isabela, e