Recordó cómo antes, cuando Natalia todavía lo quería, había fantaseado con él sobre los hijos que tendrían.
Si era niña, la mimaría hasta convertirla en la princesita más feliz del mundo.
Si era niño, lo criaría para que fuera tan brillante como Ricardo.
Lo decía con un brillo especial en los ojos.
Incluso llegó a dibujar cómo se imaginaría a sus futuros hijos.
Pero en cuanto se los entregó, él los hizo pedazos y los arrojó a la chimenea.
Le espetó con frialdad que podía tener hijos con cualquie