Una semana después, la ceremoniosa unión entre la familia Montenegro y la familia Gómez se celebró según lo previsto.
Considerando el embarazo de Isabela, se optó por simplificar al máximo el protocolo nupcial.
Aun con un programa reducido, el lujo desplegado asombró a los asistentes.
Antes siquiera de entrar, el personal recibía a cada invitado con un detalle de bienvenida valorado en decenas de miles de dólares.
Además, todo lo que los invitados veían al ocupar sus asientos había sido diseñado