Ricardo no tuvo tiempo de esquivar y el golpe de Mateo lo derribó.
Era la primera vez que Mateo perdía los estribos de esa manera, y cada puñetazo que descargaba sobre Ricardo era brutal.
Si no fuera por el mayordomo que llegó corriendo a detenerlo, ¡probablemente lo habría matado a golpes!
Mateo ignoró el dolor punzante en sus propias manos, limitándose a mirar con dureza al hombre que apenas respiraba en el suelo.
—¡¿Cuánto tienes que odiar a Natalia para querer destrozarla así, una y otra vez