Aquella nevada intensa provocó que Ricardo sucumbiera de nuevo a la fiebre alta y al delirio.
Al verlo desvariar, repitiendo una y otra vez el nombre de Natalia, su asistente no pudo evitar sentir lástima.
Movió cielo, mar y tierra durante la noche, contactando a quien fuera necesario, solo para pedirle a Natalia que fuera a verlo al hospital, aunque fuera un momento.
Pero al final, lo único que recibió el asistente fue una grabadora de voz, enviada por un empleado de Mateo.
En la quietud de la