La prolongada desnutrición y el calvario sufrido habían consumido a Isabela, dejando solo una sombra demacrada de la joven de mejillas sonrosadas que alguna vez fue.
Bastó una sola cachetada de Elena para que Isabela se derrumbara en el suelo, incapaz de levantarse.
Pero a Elena le pareció un castigo insuficiente. La imagen de su hijo, postrado por culpa de esa mujer, avivó su furia.
Incapaz de contenerse, se abalanzó sobre Isabela, la sujetó por el cuello de la ropa y descargó varias cachetadas