El aire dentro de la habitación del patriarca era demasiado pesado.
Mateo estaba a punto de hablar, y decirle que había pasado con su hija.
A punto de responder aquella pregunta que había dejado al anciano con el corazón en un hilo…
Cuando unos golpes suaves en la puerta interrumpieron todo.
Tres toques.
Secos.
Precisos.
El patriarca alzó la mirada de inmediato.
—Adelante —ordenó, con la voz grave.
La puerta se abrió con cuidado.
Uno de sus hombres de confianza asomó la cabeza, inclinándose lig