Camila recién despierta se veía más tierna y adorable que de costumbre.
Tenía el cabello ligeramente despeinado, cubriéndole a medias el rostro de por sí delicado.
En sus ojos todavía quedaba un rastro de sueño que la hacía irresistiblemente encantadora.
A Hernán siempre le había gustado verla así.
Sobre todo porque sentía que esa faceta de ella solo él podía verla, y esa sensación lo hacía perder el control.
—Buenos días —respondió Hernán en voz baja.
Caminó hasta quedar frente a Camila y, co