Llegamos a la empresa. Le ayudo a Larissa a bajarse del auto. Me pego a ella y la tomo de la cintura. Quiero que todos vean que ella es mi mujer.
Entramos al edificio. Todos nos miran. Algunos nos dan los buenos días. Les contestamos amablemente. Llegamos al ascensor y subimos. Bajamos al piso donde está mi oficina.
Pero desde aquí ya comienzo a oler a esas chismosas de mis secretarias. Nos estamos acercando a ellas y, en cuanto me ven, se levantan.
—Buenos días, señor Dunne. —Por lo que veo