Hace doce años...
-Vamos mi niña que tienes escuela.
-No quiero ir mami, no me siento bien.
Mi madre toma mi brazo con poca sutileza y me hala hasta al umbral de la puerta rosa de mi habitación.
Me da mucho miedo cuando se pone así. No quiero que mami se enoje.
-No me provoques Keyla. Las niñas bonitas no pueden ser perezosas y quedarse en casa los días de escuela.
-Pero me siento mal. Me duele el cuerpo.
Mamá suelta mi brazo y pone sus manos en mis hombros enterrando sus uñas pintadas con fina manicura en ellos.
-No estas enferma. Solo estas un poco caliente, ya se te pasará con la pastilla que te he dado.
Chillo de dolor por su insensible agarre. Segundos después mi padre aparece frente a nosotros a medio cambiar, con sus pantalones desabrochados, la corbata sin hacer y me toma en sus fuertes brazos con expresión furiosa.
-He, nena tranquila, papi está aquí – Dice mientras besa mi frente y posa su mano tomándome la temperatura – ¿Que crees que haces Leila?
-No quiere ir a