-Keyla... ¡keyla!
Despierto por una insistente voz llamándome, abro los ojos y lo primero que veo es el refinado rostro de mi madre.
Exaltada me arrastro sobre la cama para alejarme de ella y mirarla con auténtico terror desde mi nueva posición. Agitada pongo mi mano sobre mi pecho y siento como este sube y baja luchando con el aire que quiere dejar de salir.
Solo fue un sueño.
Pienso para calmarme sin dejar de mirar a la protagonista de lo que acaba de ser una de mis pesadillas más frecuentes