«Siento lo que acaba de pasar», dijo Verella después de acompañar a Carmen a su habitación.
«Soy yo quien debería disculparse, señora Mendoza. Por mi presencia, usted y el señor Mendoza se han peleado...». Carmen le dirigió una mirada de pesar.
«No importa, no hace falta que hablemos más de eso. Ahora deberías darte una ducha y asearte. He preparado todo lo que necesitas en el baño. Incluyendo tu camisón...». Verella sonrió y le guiñó un ojo.
«Gracias de nuevo, señora Mendoza».
«De nada. Nos ve