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—¿Quieres que te coja de la mano? —preguntó Bastian, ayudando a Carmen a salir del coche.

Carmen podía sentir la inquietud de Verella. Miró a Verella, que fruncía el ceño y cruzaba los brazos sobre el pecho.

—No, señor Mendoza, puedo caminar sola...

Molesta por la escena que tenía delante, que Verella consideraba exagerada y repugnante, caminó rápidamente hacia el vestíbulo del hospital sin prestar atención a Bastian y Carmen.

—¡Verella, espéranos
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