(narra Iker)
Nada era peor para mí como haber perdido ya dos veces, primero con mi plan de seducir y manipular a Kat y segundo, cuando intenté despertar a uno de los lobos que nos custodiaba.
No estaba para nada acostumbrado a perder y la sangre me hervía. Tres lobos jóvenes entraron a las celdas con la cabeza baja.
—¿Qué pretenden entrando y saliendo? Joder, dejen dormir. —dijo Greg, fastidiado.
Los lobos habían entrado casi seis veces y hacían un ruido estrepitoso con las puertas. No hablaban