(Narra Jayden)
Creí que cuando el lobo de cobre se marchara, ella lloraría sin consuelo hasta quedarse dormida por el dolor de los latigazos. No fue así.
Cuando pude moverme intenté ayudarla a ponerse de pie a pesar de estar esposado y ella me apartó a un lado. Escondía su rostro con las dos manos para que no viera su tristeza y humillación.
—Kat… —empecé a decir, pero me interrumpió volviendo a empujarme.
Se alejó y subió a su cama, tapándose hasta la cabeza con las mantas.
—¿Estás bien…? —qu