Caras alegres

Para ser sincera, quería esconderme en mi cuarto y no volver a pensar en los alfas que me habían reclamado hacía ya un buen tiempo. Me dejaron a solas para que pudiera pensarlo, como si eso me ayudara, más bien me hacía estar todavía más indecisa. Bebía agua y zumo para intentar contrarrestar los nervios, vaya pérdida de tiempo.

—Te ves terrible. —dijo Charlie, que entró para buscar sus libros.

—Creí que me veía de maravilla. —bromeé, con una sonrisa débil. —No tengo idea de que hacer ni lo que
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