Margoth
Teclear en una computadora, no parecía ser un problema para mí, hoy me doy cuenta de que esto no es nada fácil.
A dos dedos, tecleo una tecla por una y equivocándome, no me doy cuenta de que muerdo el labio inferior concentrada.
—Es de esa forma o no hay trato—el ogro ruso, habla por teléfono y sin despegar la vista de unos documentos, bufo frustrada.
Viviana, entra a la oficina contoneándose como si ella fuese la dueña del edificio. Coloca tres carpetas sobre el escritorio del ruso, y