Berlín, Alemania
Emilia
Ha pasado una semana. Siete días contados en respiraciones contenidas y pasos medidos. En vigilancia sutil y mentiras sostenidas. Y, al fin, esta noche, me siento lista.
Durante días me aseguré de hacerme invisible. Noté cómo los hombres de mi padre iban desapareciendo uno a uno. Las miradas sospechosas en la calle, los autos con los vidrios polarizados estacionados frente al edificio, incluso el ruido sordo de las pisadas detrás de mí… Todo eso ha cesado.
Pero los hombre