Berlín, Alemania
Emilia
Entro a la mansión como si no perteneciera aquí, como si cada rincón me estuviera gritando que me largue, que ya no soy bienvenida. El silencio se siente distinto, más denso y pesado. Ya no hay calor en estas paredes, no para mí. Cada paso que doy me cuesta el doble, porque mi cuerpo pesa lo mismo que mi culpa.
Y entonces veo a Helena. Está en el recibidor, y cuando me ve, su rostro se ilumina. Su expresión es tan sincera que por un instante, un solo y fugaz instante, q