Berlín, Alemania
Emilia
Lo veo delante de mí con esa expresión tan salvaje e indómita que me provoca mariposas en el vientre. Sabía que vendría por mí, lástima que lo haya arruinado al no ser honesta con él. Cualquier oportunidad que pudimos tener quedó se ha acabado, porque cuando él sepa la verdad, no querrá saber nada de mí.
Viktor levanta el arma en dirección a mi padre y no me queda de otra que gritar:
—¡No lo hagas!
Mi voz sale más fuerte de lo que esperaba, más desesperada, más rota.
V