Apollo
Carajo. Qué espectáculo.
Grace estaba de rodillas en el suelo y me miraba con los ojos muy abiertos. Mi pulgar descansaba sobre su lengua. Sentía el calor de su boca, el roce de sus dientes y la presión de sus labios alrededor de mi pulgar. Entonces, sus delicados dedos me rozaron los muslos, como si ni siquiera se diera cuenta de lo que hacía.
Estaba a punto de perder el control.
Esto no deja de pasar. En los últimos días no he sido yo mismo. El Apollo de antes jamás habría hecho algo as