Grace
En momentos como ese, me preguntaba qué demonios me había llevado hasta allí. ¿Por qué me había permitido acabar en esa situación cuando podría haberla evitado de cien maneras distintas? Para empezar, no debí hacerle caso a Austin.
No debí dejar que mi conciencia se impusiera ni entrar. No debí invitar a mi jefe a comer conmigo. No debí dejar que la comida me cegara ni derramarle una bebida en el pantalón.
Y, sobre todo, jamás debí tocarle el pantalón como una idiota. Y ahí estaba, agachad