Grace
Inhalé y exhalé para intentar calmarme, pero la presión en el pecho no cedía. Ya estaba. De verdad lo había dicho. Las palabras quedaron suspendidas entre nosotros y, por un segundo, temí que respondiera con alguna crueldad o burla, pero no lo hizo. Apollo se limitó a observarme con una actitud imposible de descifrar antes de hablar en voz baja.
—Entiendo.
Lo miré fijamente.
—¿Entiende?
Se apartó de la mesa y se irguió. La habitación pareció encogerse a mi alrededor.
—Ya sabía que había si