Apollo
Detestaba socializar. La gente hablaba demasiado. Las palabras se les escapaban de la boca sin pensar, como si temieran que algo fuera a tragárselos si dejaban de parlotear.
Para empezar, nunca me agradó la gente. Si alguien me ofendía o se interponía en mi camino, no lo pensaba dos veces. Me deshacía de esa persona. No creía en las segundas oportunidades. Los seres humanos tendían a confundir la bondad con la debilidad. Les das otra oportunidad y cometen el mismo error, solo que con más