Grace
Apollo era mi jefe, el hombre intocable para el que trabajaba. Se suponía que eso era todo. Entonces, ¿por qué me torturaba así? ¿Qué esperaba conseguir de mí?
Mierda, no tenía idea.
Estaba empapada, me ardía cada nervio y el cuerpo todavía me dolía por la forma en que me había metido el dedo y luego lo había lamido hasta dejarlo limpio, como una bestia hambrienta. El solo recuerdo me provocó un escalofrío. Y ahora me acariciaba el clítoris con ese mismo dedo tan hábil, despacio, como si s