Grace
Le pagué al taxista y bajé. Tragué saliva al alzar la mirada hacia la mansión que tenía enfrente.
Era hermosa, con ese lujo capaz de despertar envidia en cualquiera. Los padres de Charles se la habían regalado a los míos como obsequio de compromiso; formaba parte del acuerdo para mi boda con Charles. En ese entonces no me molestaba. Creía que lo nuestro era real, aunque nuestras familias lo trataran como una transacción. Pero, Dios, qué equivocada estaba.
Suspiré y me froté la sien. Me ret