LAYLA:
Luego de unas interminables horas de vuelo y de hacer dos escalas llegamos a mi amada tierra.
—Dulce hogar.
Susurro y Damián mira por la ventana con el ceño fruncido.
—Esto ha sido como el mismo infierno… No puedo creer que…
Se detiene al ver mi cara de pocos amigos y me sonríe para luego darme un fugaz beso en la mejilla.
—Perdón preciosa, te prometí que no volvería a quejarme.
Me susurra y alzo las cejas mirándolo mal.
—Llevas diciendo lo mismo desde que salimos Damián.
—Lo sé, lo sien