Lena.
Siempre pensé que si mi madre nos veía a Jack y a mí juntos, lo sabría al instante. Se desataría un caos, un grito, platos rotos, la casa entera ardiendo a nuestro alrededor. Pero la verdad es que, cuando toda tu vida se basa en secretos, esconderse es sorprendentemente fácil. Incluso cuando te mueres de ganas de que te pillen, persiste esa vieja y obstinada costumbre de fingir.
Ella me envió un mensaje primero, una semana antes, como siempre; lleno de corazones y signos de exclamación, c