Jacobo.
No dormí esa noche, no después de lo que pasó en el pasillo, no después de cómo lloró en mis brazos.
Se quedó dormida enseguida, acurrucada contra mi pecho como si perteneciera a ese lugar. Me quedé despierto durante horas, mirando al techo, sintiendo cada respiración suya como si resonara dentro de mí. Debería haber sentido culpa. Quizás vergüenza. Pero sobre todo, me sentí… consciente. De ella. De mí. Del hecho de que habíamos cruzado una línea sin retorno.
Por la mañana, supe que alg