Castígame, papi.
Lena.
No esperaba que la casa estuviera tan limpia. Ni tan silenciosa. Había un silencio tal que te hacía sentir como si tus pasos hicieran demasiado ruido, como si necesitaras susurrar incluso estando solo.
No es que me importara.
Arrastré mi maleta adentro y dejé que la puerta se cerrara de golpe tras de mí. A propósito.
—¡Cuidado con la puerta! —se oyó una voz desde algún rincón de la casa. Grave, aguda y masculina. Jack. Claro.
No respondí. Simplemente puse los ojos en blan