Un pliegue al infierno.
Trago saliva y su intimidad, dura como acero, bombea más y más, más y más, como si cada latido arrastrara algo dentro de mí que no logro contener, hasta que…
Sus jeans ajustados se elevan sin disimulo y, con ellos, mi universo perfecto se desvanece como una ilusión que se rompe justo cuando estaba a punto de tocarla.
Entonces un sonido bajo me hace reaccionar, un mensaje de Sam, está fuera… fuera del departamento.
—Sam está ahí —chillo, y salgo del baño en segundos, como si acabara de despertar