Sangre y agua.
Mi corazón se retuerce bajo el pecho con una violencia que me roba el aliento. Inspiro con desesperación, como si pudiera absorber todo el oxígeno del mundo en una sola bocanada, y aun así mis pulmones arden. Mis labios, apretados y temblorosos, apenas logran formar sonido.
—Yo… ¿Milli… Millicent? ¿Hola? —titubeo.
La sangre no deja de brotar. Resbala por la tela empapada de su vestido, alcanza el borde y cae en gotas espesas sobre el agua oscura, rompiendo la superficie con un tintineo macabro.