Perdiendo la cabeza.
Llevo la convicción en los ojos y la seguridad latiendo firme en el corazón.
—Nada saldrá mal, todo será perfecto. Mi sangre sobre Millicent, esas palabras y luego guardo su espíritu en… ¡Maldición! —maldigo en voz alta y me detengo en seco.
—¿Qué pasa, Estela? —chilla Sam al abrir la puerta del auto.
—¿Dónde carajos guardo el espíritu? —bufo, dando una vuelta sobre mi propio eje.
Llego a la cabaña de la anciana en cuestión de minutos. La puerta está entreabierta.
—¡Hola!… soy yo otra vez. ¿Me p