El aire se queda pesado, demasiado denso. Siento como si algo que no logro entender se quedara flotando en él.
—¿Qué fue todo eso, Sam? —pregunto, con el corazón aún latiendo desbocado bajo mi pecho.
—No... no tengo idea.
Respiro hondo y le cuento lo que sentí cuando el anciano golpeó el bastón.
Nos quedamos un rato ahí, mirando los cuadernos desde fuera, como si pudieran decirnos lo que está sucediendo.
—Si viste el gato... entonces está en algún lado —balbucea, colocando su mano sobre mi homb