Nueva York torcido.
Un escalofrío terrible me agobia.
Froto mis manos y me siento a mi escritorio.
—Laila también estuvo cuando el maneki-neko cerró el velo la última vez —murmuro—. Tengo una idea, le preguntaré a la anciana cómo invocar a Katrina para que esté más tiempo en este plano.
—Pero eso ya lo hiciste una vez, el cuenco... invocaste a Millicent —dice él, mirándome fijo.
—Tienes razón.
Suspiro un poco y le cuento el resto.
—Ese hijo de su madre de Asher estaba aquí. Está interesado en acciones, pero no le