El corazón se me quiere salir por la boca y las manos me tiemblan sin control. Siento que si respiro demasiado fuerte algo dentro de mí va a romperse.
Mark entra como un tren descarrilado, descompuesto, urgente, con los ojos abiertos de más. Laila apenas se limita a seguirlo con la mirada, curiosa, casi divertida. Eso es lo que más me aterra: no parece preocupada.
Mark se detiene frente a mí y me entrega un papel arrugado, sudado, casi roto en las esquinas.
Lo abro como si el universo entero de