No podía creerlo, pero antes de que Kael pudiera siquiera completar su sonrisa de triunfo, ya estaba sobre él.
Mis garras no buscaban herirlo, buscaban despedazarlo. Se lo debía a mis guerreros caídos.
—¡Eres un imbécil! —gruñí, esquivando una estocada baja de su espada— ¡Al romper la alianza nos has convertido a todos en carne fresca para los mutados!
Él se rió mientras bloqueaba mi siguiente ataque, nuestros lobos empezaron una cruel batalla.
—No será así, Chiara —replicó, empujándome con fu