Mundo ficciónIniciar sesiónEl estacionó el auto y la miró, sin ocultar lo que sentía. La química sexual era palpable en el aire.
— Subo — le dijo...y era una afirmación, no una pregunta. Debido a su situación actual no era como si ella pudiera negarse. Aunque si tenía que ser honesta con ella misma, tampoco quería. Ella lo deseaba.
Se bajaron del auto y se dirigieron al apartamento. Ya en el elevador le dió un beso caliente que le robó completamente el aliento.
Fue solo entrar y llevarla a la habitación, dónde ambos comenzaron a desnudarse. Ella estaba excitada solo de la anticipación.
Él la acercó a la cama, e hizo que se siente mientras él quedó parado, su pene erecto a pocos centímetros de ella.
Ella tragó saliva y miró hacia arriba.
— Chúpamela, como yo te lo hice a ti — le dijo con la voz cargada de lascivia.
Ella tomó su pene con una mano y empezó a pasar la lengua por los costados como si fuera una paleta. Y luego comenzó a succionar su glande con su boca.
Él gimió y eso le dió valor, se lo metió más profundamente mientras se ayudaba con un movimiento ascendente y descendente con su mano.
El agarró su cabeza y se hundió más profundo hasta su garganta. Le dieron arcadas pero las contuvo. Era todo nuevo para ella, nunca había dado una mamada en su vida.
Él comenzó a hacer un movimiento con sus caderas para penetrar su boca, como lo había hecho con su vagina. Aceleró el ritmo hasta que ella sintió un líquido en su lengua.
— Oh sí nena, siii...— él hizo un sonido, como una especie de gruñido mientras temblaba y terminaba en la garganta femenina.
Ella tragó, porque no sabía que otra cosa más hacer.
Él se alejó de ella y fue por un preservativo.
— Acuéstate — demandó.
Ella se acomodó sobre la cama.
— Ahora abre las piernas...— ordenó con un tono de voz ronco.
No sabía cómo pero Matt estaba excitado de nuevo. Hasta donde ella sabía los hombres necesitaban tiempo para recuperarse, pero no parecía ser el caso del tiburón blanco de Wall Street. O al menos, no con ella...
El abrió el paquete con los dientes y ella observó como él se colocaba el preservativo.
Luego se recostó sobre ella, probó su humedad con los dedos.
— Te gustó chuparla, porque estás mojada...tan mojada para mí — murmuró él y le dió un beso hundiendo su lengua y violando la humedad de su boca.
Él agarró su verga y comenzó a frotarla contra su clítoris y su entrada hasta volverla loca de deseo...Ella se escuchaba gemir y no se reconocía. Él se había adueñado de su cuerpo, hacia que reaccionara como él quisiera. Era como arcilla en sus manos y no podía evitarlo.
Cuando la penetró se sintió tan completa,
— Aghhh como extrañé esto — exclamó él y ella pensó que hacía un rato desde que habían estado juntos pero no parecía ser suficiente para él. ¿Sería tan fogoso con todas sus mujeres ? Ese pensamiento le molestó. No quería imaginarlo como otras se dió cuenta con molestia, mientras el chupaba sus pechos y la penetraba tan profundo que podía sentir como con la punta de su pene tocaba su matriz.
Matt levantó las piernas de Brandy por sobre sus hombros, para llegar más hondo en ella mientras bombeaba sin parar. Cuando sintió las contracciones que anunciaban el orgasmo de Bambi, se vino.
Bajó sus piernas y con cuidado, se recostó sobre ella mientras seguía estremeciéndose.
Brandy se sintió extraña con la cabeza de Matt en su pecho. Impulsivamente comenzó a tocar su cabello. No se dió cuenta cómo, pero ambos se quedaron dormidos.
A la mañana siguiente encontró una nota de él en la pequeña mesa de su living.
REVISA EL CONTRATO, TE LLAMO.
MATT
Eso era todo. Tomó el contrato debajo de la nota y comenzó a ojearlo. Era draconiano. Prácticamente decía que podía tomarla cuándo y cómo quisiera, seis de los siete días de la semana. Quiso enojarse, pero la perspectiva de que se la cogiera solo la excitaba y se enojó con ella misma, especialmente con su cuerpo que respondía hambriento ante él.
De recordar las cosas que habían hecho, se sonrojó. Pensó que al menos dejó establecido que su relación contractual se terminaría en el momento del deceso de su madre.
Los ojos se le llenaron de lágrimas. De solo pensar en eso, sentía un enorme vacío en su pecho. Ella solo tenía a su madre...descontando a Pablo y Trish. Trish era una buena amiga, pero desde que ésta se cambió de trabajo se veían poco. Se habían conocido cuando ambas trabajaban en el Magnolia Bakery. Aunque no tenían mucho en común, la amabilidad de la morena la desarmó. Su amistad fue inevitable. Aunque hacía un par de meses que no se veían seguían en contacto por mensaje. Quizá debiera contarle a ella acerca de su predicamento. Luego la llamaría, se prometió.
Vió la hora, eran las 7.30. Fue hacia el baño y se dió una ducha rápida. Cuando salió tomó la toalla mullida y comenzó a secarse frente al espejo. Se dió cuenta de que tenía marcas, él la había marcado. Tenía pequeños moretones en el cuello, en sus pechos, eran los famosos chupetones.
Descontando el ardor entre sus piernas. Debería familiarizarse con esa sensación, supuso. Suspiró...se sentía rara. Agarró el secador de cabello, lo encendió y se lo pasó un poco para no salir con el cabello tan húmedo. Luego de apagarlo, tomó un pote de crema y
se puso un poco de ésta en las piernas, y salió del baño después de acomodar un poco. Fue a su habitación y de una cajonera sacó un conjunto de ropa interior.
Se colocó el conjunto de bragas y brassier de algodón, mirando el caos s su alrededor.
No tenía tiempo de ordenar así que quedaría así. Sacó del clóset un vestido de punto que era un poco suelto, en color rosa, con un volado por arriba de sus rodillas y mangas cortas. En los pies unas chatas de Chanel, tenían sus años pero ella cuidaba sus cosas. Finalmente se puso un poco de su perfume favorito de Hermes, un recuerdo de las buenas épocas con sus padres. Cuando su madre aún estaba con ellos y todos vivían en la casa.
Se dirigió a la cocina, abrió el refrigerador y tomó un pote de yogur. Cerró y fue a buscar una cuchara. Comió rápido pues tenía poco tiempo y ese era su desayuno. Al terminar, tiró el recipiente plástico vacío y dejó la cuchara para lavar luego.
Salió de la cocina y atravesó el living comedor y pasó por la mesa. En un impulso tomó el contrato y lo agarró para llevarlo, quería leerlo más exhaustivamente.
Sacó su bolso del perchero, metió el conjunto de papeles doblado por el medio y salió de su piso para ir al colegio.







